Aunque las precipitaciones aún no se han manifestado con la fuerza esperada, especialistas sostienen que el fenómeno ya está presente y podría intensificarse durante los próximos meses.
El fenómeno de El Niño ya estaría presente en Chile, aunque sus efectos aún no se han traducido en lluvias generalizadas durante el inicio del invierno. Según especialistas, el calentamiento del océano Pacífico comenzó a configurarse desde mayo, pero factores atmosféricos han limitado hasta ahora el ingreso de sistemas frontales al continente.
Pese a este arranque seco, la proyección para los próximos meses mantiene en alerta a distintos sectores. El evento climático podría favorecer precipitaciones intensas hacia el resto del invierno y la primavera, además de elevar el riesgo de interrupciones eléctricas, afectaciones operacionales y daños en actividades sensibles al clima, como la agricultura.
Uno de los puntos de preocupación está en la continuidad del suministro eléctrico. Según datos atribuidos a la Superintendencia de Electricidad y Combustibles, durante el invierno de 2025 los reclamos por interrupciones del servicio presentados ante empresas distribuidoras llegaron a 1,6 millones, reflejando la presión que enfrentan las redes en períodos de alta demanda, bajas temperaturas y eventos meteorológicos adversos.
La eventual llegada de lluvias más intensas podría volver a tensionar esos sistemas. Vientos, caída de ramas, anegamientos, acumulación de nieve en zonas cordilleranas o problemas en infraestructura de distribución son parte de los factores que suelen incidir en la continuidad del suministro durante episodios climáticos severos.
El impacto no se limita a los hogares. En el sector agrícola, un corte prolongado puede afectar sistemas de riego, conservación de productos, operación de maquinaria, cámaras de frío y procesos productivos que dependen de energía continua.
Frente a este escenario, el monitoreo preventivo comienza a ganar espacio como herramienta de gestión. La inteligencia artificial, los sistemas de alerta temprana y el seguimiento en tiempo real de activos críticos son vistos por especialistas como elementos clave para reducir daños y anticipar fallas.
Por su parte los climatólogos han intentado explicar por qué, si El Niño ya está presente, las lluvias no han aparecido con la intensidad inicialmente prevista. Una de las razones estaría en el comportamiento de la Oscilación Antártica, que durante las últimas semanas habría registrado valores extraordinariamente positivos, fortaleciendo vientos circulares que mantuvieron confinadas las tormentas sobre el océano y redujeron la llegada de sistemas frontales a Chile continental.
Si bien para los especialistas El Niño comenzó en mayo, cuando la temperatura superficial del mar superó los valores normales, ese calentamiento no se traduce de inmediato en lluvias, ya que todavía debe debilitarse el anticiclón del Pacífico para permitir un ingreso más sostenido de frentes.
El fenómeno podría acompañar al país durante los próximos nueve a doce meses. Desde esa perspectiva, el inicio seco del invierno no descartaría la ocurrencia de eventos intensos más adelante.
La experiencia histórica muestra que algunos episodios fuertes de El Niño han concentrado sus lluvias más relevantes hacia agosto o incluso durante la primavera. Por ello, los especialistas llaman a no interpretar la ausencia inicial de precipitaciones como una señal de bajo riesgo.
