Reabren la discusión por el Túnel de Agua Negra

El proyecto considera dos túneles paralelos de 14 kilómetros bajo la cordillera de los Andes. La iniciativa, largamente postergada, reaparece en la agenda por el interés logístico, minero, turístico y comercial entre ambos países.

El proyecto del Túnel de Agua Negra, una de las obras de integración más ambiciosas entre Chile y Argentina, volvió a instalarse en la discusión pública tras recientes declaraciones diplomáticas y el creciente dinamismo de la actividad minera en la provincia argentina de San Juan. La iniciativa busca conectar esa zona con la Región de Coquimbo mediante un corredor cordillerano operativo durante todo el año.

La obra contempla la construcción de dos túneles paralelos de 14 kilómetros, uno por cada sentido de circulación, con una inversión estimada en torno a los US$1.500 millones. El trazado permitiría reemplazar la dependencia del actual Paso Internacional de Agua Negra, que solo puede utilizarse en temporada estival debido a la acumulación de nieve y a las exigentes condiciones climáticas de alta montaña.

El diseño considera una boca de ingreso en territorio argentino a 4.085 metros sobre el nivel del mar y otra en territorio chileno a 3.620 metros, además de galerías peatonales de conexión para emergencias y caminos de acceso complementarios. Su objetivo es facilitar el tránsito de personas, carga y productos entre ambos países, fortaleciendo la integración física del corredor bioceánico.

La iniciativa tiene una larga historia. Sus primeros estudios se remontan a fines de los años 90 y, con el paso del tiempo, derivaron en la creación de la Entidad Binacional Túnel de Agua Negra (EBITAN), encargada de coordinar los estudios y eventuales etapas de construcción. En su momento, el Banco Interamericano de Desarrollo comprometió financiamiento para impulsar el proyecto, pero el proceso se estancó luego de cuestionamientos técnicos, dudas sobre su rentabilidad y falta de impulso político.

El eventual retorno del debate abre nuevamente una pregunta estratégica para la Macrozona Norte: si Agua Negra puede transformarse en una solución real para mejorar la conectividad, potenciar el comercio exterior y apoyar el desarrollo minero y logístico entre Coquimbo y San Juan. Por ahora, más que una reactivación formal, el proyecto vuelve como una aspiración binacional pendiente, marcada por su alto costo, complejidad técnica y potencial impacto económico para ambos lados de la cordillera.