“Chile no tiene que competir por volumen, sino por valor”

Entrevistamos a María Paz Lagos Valdivieso, subsecretaria de Turismo, para analizar la nueva etapa del sector.

En un momento clave para la recuperación y proyección del turismo chileno, la Subsecretaría de Turismo busca instalar al sector como un motor económico de mayor peso para el país, con foco en inversión, empleo formal, promoción internacional y desarrollo regional. Tras la constitución de la Mesa de Inversionistas del Turismo, la autoridad aborda en esta entrevista con Rèport los desafíos para destrabar proyectos, diversificar mercados, incorporar inteligencia artificial en la promoción, fortalecer destinos emergentes y avanzar hacia una oferta basada en experiencias de mayor valor, con la meta de elevar el aporte del turismo al PIB y generar 100 mil nuevos empleos en los próximos cuatro años.

Recientemente se constituyó la Mesa de Inversionistas del Turismo con la meta de elevar en un punto el aporte del sector al PIB y generar 100 mil nuevos empleos formales en cuatro años. ¿Cuáles son las tres medidas concretas más urgentes que implementará la Subsecretaría para lograr esta nueva ola de inversiones?

El turismo tiene una oportunidad muy concreta de dar un salto en Chile. A nivel mundial, esta industria representa cerca del 10% del PIB, mientras que en nuestro país estamos en torno al 3%. Eso muestra que existe un espacio enorme para crecer, generar empleo y dinamizar las economías regionales. Por eso impulsamos la Mesa de Inversionistas del Turismo, que busca abrir una segunda ola de inversión turística en Chile. Nuestro foco está puesto en tres medidas urgentes.

Primero, destrabar y agilizar proyectos, reduciendo la incertidumbre en la tramitación; segundo, fortalecer y duplicar el presupuesto de promoción internacional para recuperar competitividad frente a otros destinos; y tercero, mejorar condiciones habilitantes como conectividad, infraestructura y servicios en regiones.

Hoy existe una cartera de inversión turística privada por sobre los 400 millones de dólares. El desafío es que esos proyectos puedan materializarse, porque detrás de cada inversión turística hay empleo, pymes, gastronomía, transporte, comercio, cultura y desarrollo local.

Como Gobierno nuestra meta es ambiciosa, generar 100 mil nuevos empleos formales en los próximos cuatro años, aumentar en un punto el aporte del turismo al PIB y cuadruplicar la inversión turística respecto al 2025. Para lograrlo necesitamos coordinación público-privada, reglas claras y una mirada de Estado que entienda al turismo como un motor económico y territorial.

Los empresarios señalaron la permisología y la baja promoción internacional como brechas críticas. ¿Qué avances o compromisos específicos puede informar sobre la reducción de los tiempos de tramitación de proyectos y cómo se fortalecerá la estrategia de marketing país en lo inmediato?

Existe bastante consenso en que Chile necesita modernizar la forma en que tramita los proyectos de inversión. Este no es un desafío exclusivo del turismo, sino un desafío país. Pero en turismo tiene un impacto muy directo, porque muchas inversiones se desarrollan en regiones, en destinos emergentes o en territorios donde la infraestructura y los permisos son condiciones habilitantes.

Cuando un proyecto turístico se retrasa, no solo se posterga una inversión, también se posterga empleo, actividad económica local y oportunidades para muchas pymes vinculadas a la cadena de valor.

Por eso valoramos la implementación de la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales, que apunta a avanzar hacia un Estado más moderno, con ventanilla única digital, tramitación paralela y procesos más simples, sin rebajar estándares regulatorios. Para el turismo esto es clave, porque necesitamos dar mayor certeza a quienes quieren invertir en destinos, parques, alojamientos, experiencias y servicios turísticos.

En paralelo, tenemos que recuperar competitividad en promoción internacional. Chile tiene una oferta turística extraordinaria, pero competimos con destinos que invierten mucho más en posicionamiento. Por eso estamos trabajando para fortalecer la presencia del país en mercados estratégicos, duplicando el presupuesto de promoción turística para 2027, con foco en segmentos de mayor gasto, estadías más largas y experiencias de alto valor.

Además, estamos buscando formas de que pueda llegar inversión extranjera a uno de nuestros principales atractivos, que son nuestros parques nacionales.

La promoción no es solo una campaña, es una herramienta de desarrollo económico. Mientras más y mejor posicionamos a Chile, más visitantes atraemos, más inversión se activa y más oportunidades se abren para las regiones.

Dado que la promoción turística está siendo reescrita por la inteligencia artificial, y que los destinos temen perder el control del relato, ¿cómo está la Subsecretaría asegurando que el contenido oficial chileno sea la “fuente de verdad” para los motores de IA y qué políticas de transparencia se están fijando al respecto?

La inteligencia artificial ya está cambiando la forma en que las personas planifican sus viajes. Hoy muchos turistas no llegan a un destino solo por una campaña tradicional, sino por recomendaciones digitales, motores de búsqueda, plataformas de planificación o asistentes basados en IA.

Por eso, para Chile es muy importante que la información oficial sea sólida, actualizada, confiable y fácil de encontrar. Si queremos que el país esté bien representado en estos nuevos canales, tenemos que fortalecer nuestras plataformas, ordenar mejor los datos turísticos, alimentar la IA y asegurar contenidos consistentes sobre destinos, experiencias, servicios registrados y atributos del país.

Vemos la inteligencia artificial como una herramienta muy potente para el sector. Puede ayudar a personalizar recomendaciones, anticipar demanda, romper barreras de idioma, mejorar la experiencia del visitante y hacer más eficiente la promoción internacional. Pero también nos obliga a ser muy responsables con la calidad de la información.

Nuestro foco es que la tecnología esté al servicio de una mejor experiencia turística y de una mejor toma de decisiones. La IA puede ayudar a que Chile llegue con más precisión a los mercados correctos, pero también a que los turistas encuentren información confiable y puedan planificar mejor sus viajes por el país.

Fedetur respaldó la inversión estatal en la Carretera Austral para atraer turistas de mayor gasto. ¿Existe una hoja de ruta con plazos definidos para estas obras y cómo se coordinará el mejoramiento de infraestructura con el desarrollo de productos turísticos de alta gama en la Patagonia?

La Patagonia es uno de los grandes activos turísticos de Chile en el mundo. Tiene naturaleza, identidad, biodiversidad y una oferta de experiencias que es muy difícil de encontrar en otros destinos. Pero para que ese potencial se traduzca en más desarrollo local, necesitamos mejorar la conectividad e infraestructura.

Por eso el Plan Ruta Austral: Soberanía que Conecta es tan relevante. Estamos hablando de una inversión muy significativa entre 2026 y 2030 para mejorar la conectividad vial, marítima y lacustre en la Carretera Austral, incluyendo pavimentación, puentes, infraestructura portuaria y nuevas barcazas. El plan contempla 23 proyectos estratégicos y una inversión superior a los $800 mil millones -de los cuales $758.858 millones corresponden al MOP y $44.940 millones corresponden al Gobierno Regional, a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional-, con el objetivo de seguir cerrando brechas de conectividad en uno de los territorios más emblemáticos de Chile.

Estas obras no solo mejoran la calidad de vida de las comunidades; también habilitan nuevas oportunidades para el turismo. Cuando mejora el acceso, la seguridad y los tiempos de traslado, se vuelve más viable desarrollar proyectos turísticos de naturaleza, aventura, bienestar, experiencias premium y turismo de intereses especiales.

El desafío es que la infraestructura vaya acompañada de desarrollo de oferta. No basta con llegar a un destino; tenemos que trabajar para que ese destino tenga servicios, experiencias, capital humano, identidad local y estándares de calidad. Ahí la coordinación con los gobiernos regionales, municipios, Sernatur, el sector privado y las comunidades es fundamental.

Queremos que la Patagonia siga siendo un destino de clase mundial, pero con un modelo de desarrollo que cuide su identidad, genere empleo local y distribuya mejor los beneficios del turismo.

El mercado muestra un auge en las escapadas cortas de 2 a 4 noches dentro de Chile. ¿Qué programas o incentivos existen para desestacionalizar esta demanda y dirigirla hacia destinos emergentes, más allá de los favoritos tradicionales?

Las escapadas cortas se han consolidado con mucha fuerza en Chile, especialmente en fines de semana largos. Hoy las personas buscan viajes más frecuentes, flexibles y muchas veces más cercanos, lo que representa una oportunidad muy importante para dinamizar destinos durante todo el año.

El turismo interno es la base del movimiento turístico del país. Representa cerca del 70% de la actividad turística y supera los 61 millones de viajes internos al año. Por eso, si logramos distribuir mejor esos flujos, podemos enfrentar la estacionalidad y llevar la actividad económica a más comunas y regiones.

Nuestro foco está en diversificar destinos y experiencias. Chile tiene 16 regiones y cada una tiene atributos turísticos propios como naturaleza, cultura, gastronomía, enoturismo, turismo rural, deporte, patrimonio, festivales, termas, montaña, costa y parques nacionales. El desafío es generar polos turísticos en todas las regiones del país.

La tarea es que las personas no viajen siempre a los mismos lugares ni solo en temporada alta. Para eso estamos impulsando una mirada de promoción más territorial, apoyando eventos y experiencias que movilicen visitantes fuera de los meses tradicionales, fortaleciendo destinos emergentes con identidad local y frenando la estacionalidad.

El turismo interno no solo mueve la economía, también mejora la calidad de vida, permite reencontrarse con el país y fortalece el orgullo por nuestros territorios.

¿De qué manera la Subsecretaría está impulsando la diversificación de la oferta para que el turismo se mueva más hacia la venta de experiencias y menos hacia la venta de servicios básicos?

Hoy las personas no viajan solamente para alojar o visitar un lugar. Viajan para vivir experiencias. Y ahí Chile tiene una ventaja muy potente, somos un país con una diversidad geográfica, cultural, natural y gastronómica excepcional.

Más del 60% de los turistas extranjeros que llegan a Chile lo hacen motivados por la naturaleza. Ese es un activo enorme, pero nuestra tarea como Gobierno es agregarle más valor con experiencias como gastronomía, astroturismo, enoturismo, turismo aventura, bienestar, cultura local, parques nacionales, rutas patrimoniales, turismo rural e indígena.

El desafío es que Chile pase de vender servicios aislados a ofrecer experiencias integradas. Cuando un visitante permanece más tiempo, recorre más regiones y consume más experiencias locales, el impacto económico se multiplica en alojamiento, restaurantes, transporte, guías, comercio, artesanía y emprendimientos.

Por eso estamos trabajando en diversificación y sofisticación de la oferta turística. Queremos que más destinos puedan desarrollar productos con identidad propia, que conecten con las comunidades y que respondan a las nuevas tendencias de viaje. Chile no tiene que competir por volumen, sino por valor. Nuestro camino es atraer visitantes que busquen experiencias auténticas, sostenibles y de alto impacto para las economías locales.

¿Cómo evalúa la actual relación público-privada en el sector y qué pasos se darán para fortalecer las sinergias entre lo público y lo privado?

El turismo es, por definición, una industria público-privada. El Estado puede generar condiciones habilitantes, infraestructura, promoción y coordinación; pero quienes desarrollan gran parte de la experiencia turística son las empresas, emprendedores, gremios, comunidades y trabajadores del sector.

Por eso evaluamos positivamente el diálogo público-privado, pero creemos que hay que llevarlo a una etapa más ejecutiva. La Mesa de Inversionistas del Turismo apunta justamente a eso, a identificar brechas, destrabar proyectos y generar mejores condiciones para invertir.

La Subsecretaría tiene un rol articulador. El turismo, al ser un sector atomizado, necesita coordinación con Obras Públicas, Transportes, Medio Ambiente, Bienes Nacionales, Cultura, Agricultura, Relaciones Exteriores, Trabajo, gobiernos regionales y municipios.

No hay desarrollo turístico posible si cada actor trabaja por separado. En esa línea, hemos fortalecido espacios como el Comité de Ministros del Turismo, incorporando una mirada más productiva, territorial y de inversión. Queremos que el turismo sea parte de las decisiones estratégicas y económicas del país, no solo de la agenda recreativa.

Cuando el sector público y privado comparten una hoja de ruta, el turismo puede transformarse en una herramienta muy poderosa para generar empleo, atraer inversión, descentralizar oportunidades y mejorar la calidad de vida en las regiones.

Chile superó los 6 millones de llegadas internacionales en 2025. ¿Cuál es la proyección de la Subsecretaría para 2026 en términos de flujo y gasto promedio, y qué mercados emisores, además de los tradicionales, están siendo objeto de campañas de promoción segmentadas?

Venimos de un 2025 muy positivo, en que Chile superó los 6 millones de llegadas internacionales, recuperando niveles muy relevantes para el sector. Ese resultado confirma que Chile volvió a ser un destino competitivo y atractivo, pero también nos muestra un desafío. Hoy tenemos un equilibrio precario, porque cerca del 50% de nuestras llegadas internacionales provienen de Argentina.

Eso significa que, cuando ese mercado enfrenta cambios económicos, cambiarios o de consumo, el impacto se refleja rápidamente en las cifras agregadas del turismo receptivo. Por eso, más que mirar solamente el número total de visitantes, nuestra prioridad es avanzar hacia una estrategia de mayor diversificación.

El desafío de Chile no es solo atraer más turistas, sino atraer visitantes de distintos mercados, con mayor gasto promedio, estadías más largas y disposición a recorrer más regiones. Ahí está la oportunidad de generar un impacto económico más profundo y mejor distribuido territorialmente.

Para 2026 estamos mirando el escenario con prudencia. Las proyecciones técnicas se ubican en un rango cercano a 4,4 y 5,2 millones de turistas internacionales, considerando factores externos como costos de transporte, tipo de cambio e incertidumbre internacional. Pero más allá de la coyuntura, Chile tiene fundamentos muy sólidos para seguir creciendo en el mediano y largo plazo.

Por eso, como Gobierno, estamos fortaleciendo la promoción en mercados prioritarios como Brasil, Estados Unidos y Europa, junto con segmentos específicos asociados a naturaleza, aventura, gastronomía, astroturismo, turismo de reuniones y experiencias premium.

Nuestra apuesta es diversificar mercados y elevar el valor del turismo que llega a Chile, y aquí los mercados de larga distancia son fundamentales, ya que tienen mayor gasto promedio y para esto, estamos apostando a potenciar mercados como Australia y China. Queremos que los visitantes permanezcan más tiempo, gasten más, recorran más destinos y recomienden nuestro país. Porque cuando eso ocurre, el turismo se transforma en una herramienta mucho más potente para generar empleo, inversión y oportunidades en las regiones.