Guerra contra la temporada baja

Con una oferta más cálida y personalizada —de degustaciones junto a la chimenea a maridajes de invierno—, Colchagua apuesta por captar escapadas nacionales y parte del flujo extranjero.

El Valle de Colchagua quiere que el invierno se convierta en una temporada con identidad propia. Mientras la demanda turística se mueve con más cautela y el viajero prioriza experiencias auténticas, las viñas de la zona están reforzando una estrategia clara: menos volumen, más detalle. 

Degustaciones más pausadas, gastronomía de temporada y recorridos que ponen el foco en la historia, la arquitectura y el vino de guarda son hoy el corazón de una propuesta que busca sostener el enoturismo cuando baja el flujo tradicional del verano.

La viña ya no se visita solo por la vendimia o por el “paisaje de postal” estival: también por la idea de refugio. Una escapada corta —especialmente en fines de semana largos y vacaciones de invierno— aparece como oportunidad para destinos que ofrecen servicio, relato y un entorno más tranquilo. 

En ese marco, el turismo interno sigue siendo un sostén relevante: durante el invierno de 2025, la Subsecretaría de Turismo y Sernatur estimaron entre 2,8 y 3,5 millones de viajes con pernoctación dentro de Chile, un indicador que la industria mira como termómetro para anticipar movimiento en temporada baja.

Para enfrentar el frío y la menor afluencia, las viñas han potenciado actividades indoor, experiencias sensoriales y formatos premium que apuntan a parejas, grupos pequeños y viajeros que, deliberadamente, quieren evitar aglomeraciones. 

La temporada, además, ofrece la vida del viñedo después de la cosecha. La poda y la preparación del nuevo ciclo agrícola permiten incorporar una capa educativa y de “detrás de escena” que suma valor a la visita, especialmente para el viajero que busca profundidad..

Alicia Ortiz, gerente general de Enoturismo Chile, pone el foco en el componente receptivo y en la oportunidad que abre el turismo extranjero que llega a la zona central durante el invierno: “Colchagua sigue siendo un panorama relevante porque se trata de un destino consolidado y con una variedad de panoramas. Lo importante es cómo captar parte de estos flujos a través de alianzas con operadores receptivos nacionales y con propuestas novedosas y buena conectividad”, explica.

El mercado brasileño, en particular, aparece como una señal a monitorear. En 2025 ingresaron 680.000 visitantes brasileños a Chile, muchos atraídos inicialmente por la nieve y los centros invernales. La apuesta es que una porción de ese flujo se extienda hacia experiencias complementarias —vino, gastronomía, bienestar— en valles cercanos a los circuitos tradicionales.