El convenio busca fortalecer la cooperación en sustentabilidad, turismo responsable y protección del patrimonio natural y cultural.
En una ceremonia cargada de simbolismo realizada el 7 de mayo en el sagrado Mara’e Hanga Piko de Rapa Nui, las municipalidades de Torres del Paine, San Pedro de Atacama y la propia Rapa Nui firmaron un histórico convenio de colaboración que busca transformar la forma en que se gestionan y preservan tres de los destinos turísticos más emblemáticos de Chile y de Sudamérica.
La alianza establece un compromiso conjunto para promover el turismo sustentable, la gestión patrimonial participativa y la preservación ambiental, integrando tanto saberes ancestrales como buenas prácticas de gobernanza territorial. Pese a sus notables diferencias geográficas —desde el altiplano andino hasta la Polinesia—, los tres territorios comparten desafíos comunes: el equilibrio entre la conservación de sus ecosistemas y culturas, y el crecimiento del turismo global.
El director de Turismo de la Municipalidad de Rapa Nui, Uko Tongariki Tuki, destacó que este acuerdo no solo simboliza un esfuerzo institucional, sino una necesidad urgente: “Esta unión nos permite compartir experiencias sobre reciclaje, manejo de residuos, tratamiento del agua y otras problemáticas prácticas, pero también sobre la forma en que cada comunidad protege su patrimonio y su identidad frente a los desafíos del turismo masivo y el cambio climático”.
Durante el encuentro, las autoridades recalcaron la necesidad de construir una agenda común que fortalezca las economías locales sostenibles, incentive la participación comunitaria e incorpore una mirada descentralizada del desarrollo turístico en Chile. La firma del convenio no solo representa una política de colaboración entre municipios, sino también una apuesta por tejer redes de resiliencia territorial ante los impactos de la crisis climática y la presión sobre destinos de alta demanda internacional.
El acuerdo contempla una serie de acciones a mediano y largo plazo, como el desarrollo de programas conjuntos de educación ambiental, estrategias compartidas de planificación turística y el impulso de herramientas normativas para regular la actividad turística con enfoque ecosistémico y cultural.
El acto concluyó con una jornada de camaradería entre delegaciones, marcando el inicio de una nueva etapa de cooperación entre tres de los principales íconos turísticos de Chile, cuyo impacto podría inspirar políticas similares en otros países de América Latina con destinos patrimoniales de alta sensibilidad ecológica y cultural.
