Erosión de playas: amenaza para el turismo

Un estudio advierte que la pƩrdida de arena y el aumento de cierres temporales de balnearios podrƭan afectar con fuerza al turismo domƩstico hacia fines de siglo.

La erosión de playas y el aumento de las marejadas podrían generar pérdidas de hasta US$60 millones anuales para el turismo de Chile central hacia el año 2100, si no se implementan medidas de adaptación frente al cambio climÔtico.

AsĆ­ lo advierte un estudio liderado por investigadores del Instituto Milenio en Socio-EcologĆ­a Costera (SECOS), junto a la Universidad del Desarrollo, la Universidad Católica y la Universidad Católica de Temuco, que cuantificó el impacto económico y social de la pĆ©rdida de playas en el paĆ­s. La investigación fue publicada en Annals of Tourism Research y analizó las decisiones de viaje de turistas de la Región Metropolitana hacia balnearios de las regiones de Coquimbo, ValparaĆ­so y O’Higgins.

El informe plantea que la desaparición progresiva de arena, la reducción del ancho de las playas y los cierres temporales asociados a eventos climÔticos extremos no solo representan un problema ambiental, sino también una amenaza directa para el bienestar de las personas y para las economías locales que dependen del turismo.

SegĆŗn los datos difundidos, los cierres de playas por condiciones extremas hoy promedian cerca de 70 eventos anuales en la zona central. Un solo dĆ­a de clausura puede implicar pĆ©rdidas estimadas en $374,39 millones en Coquimbo, $352,24 millones en ValparaĆ­so y $289,07 millones en O’Higgins. Si la frecuencia de estos episodios se duplica hacia 2100, como proyectan los modelos climĆ”ticos, las pĆ©rdidas anuales para el turismo domĆ©stico podrĆ­an llegar a US$60,32 millones.

Para Felipe VĆ”squez, investigador de SECOS y acadĆ©mico de la Facultad de EconomĆ­a y Negocios de la Universidad del Desarrollo, el deterioro del borde costero debe entenderse mĆ”s allĆ” de la pĆ©rdida paisajĆ­stica. ā€œCuando una playa se erosiona o se cierra, no solo perdemos paisaje o biodiversidad, sino tambiĆ©n bienestar humanoā€, seƱaló.

El estudio también muestra que los turistas valoran de manera significativa el espacio disponible en las playas. De acuerdo con la investigación, estarían dispuestos a pagar $868 adicionales por cada metro extra de ancho de playa, lo que confirma que la superficie útil para el descanso y la recreación incide directamente en la experiencia turística.

Uno de los puntos centrales del anÔlisis es el rol de las dunas como infraestructura natural. Los visitantes estarían dispuestos a pagar hasta US$29,40 por viaje para asegurar la conservación de estos ecosistemas, que actúan como barreras frente a marejadas, ayudan a retener sedimentos y cumplen un papel clave en la biodiversidad costera.

La preocupación no es aislada. Investigaciones del Centro UC Observatorio de la Costa han advertido que las marejadas se han vuelto mÔs intensas y persistentes desde 2015, y que hoy pueden presentarse en promedio alrededor de 45 eventos anuales en las costas chilenas. Ese fenómeno, combinado con la urbanización del litoral, ha acelerado el retroceso de playas y reducido la capacidad natural de recuperación de los ecosistemas costeros.

El mismo centro ha documentado que el 86% de las playas estudiadas entre Arica y Puerto Montt presenta retroceso, con tasas que en algunos casos superan los cinco metros anuales, como ocurre en zonas de alta presión turística. Otras fuentes reportaron el año pasado que al menos diez playas del centro y sur de Chile podrían desaparecer dentro de una década si se mantiene la actual tendencia de erosión.

Especialistas de la Universidad de Chile coinciden en que la erosión costera responde a una combinación de factores naturales y humanos. Entre ellos figuran el aumento de marejadas asociado al cambio climÔtico, el alza del nivel del mar, las tormentas, la urbanización, la extracción de Ôridos y la alteración de ríos y quebradas que históricamente aportaban sedimentos a las playas.

En ese contexto, los investigadores advierten que postergar las medidas de adaptación puede aumentar los costos futuros. Roberto Ponce, investigador de SECOS y acadĆ©mico de la Universidad del Desarrollo, sostuvo que ā€œla inacción no es gratisā€ y que proteger las playas debe entenderse como una inversión en desarrollo económico y social.

La evidencia apunta a que la adaptación debe avanzar con una mirada territorial, que incorpore soluciones basadas en la naturaleza, conservación de dunas y humedales, restauración ecológica, planificación urbana y protección efectiva del borde costero. Para los expertos, estos ecosistemas no solo sostienen biodiversidad, sino que también funcionan como una primera línea de defensa frente a marejadas, tsunamis y otros eventos extremos.

Chile, con mÔs de 6.400 kilómetros de litoral, enfrenta así un desafío que cruza la agenda ambiental, turística y económica. La pérdida de playas no solo amenaza el atractivo de los balnearios, sino también el empleo local, la infraestructura, la actividad gastronómica, el comercio y la calidad de vida de las comunidades costeras.