La Agencia Internacional de la Energía señaló que el mercado petrolero podría entrar en una “zona roja” entre julio y agosto —meses de alta temporada en el hemisferio norte— si no se destraba el conflicto en Medio Oriente.
La industria turística vuelve a mirar con preocupación el precio y la disponibilidad del combustible aéreo. La Agencia Internacional de la Energía advirtió que el mercado petrolero podría enfrentar una situación crítica entre julio y agosto, en caso de que no haya una solución duradera al conflicto que afecta a Medio Oriente y, en particular, al tránsito por el estrecho de Ormuz.
El alerta llega en un momento clave para el sector. A fines de junio y comienzos de julio se inicia la temporada fuerte de viajes en el hemisferio norte, con alta demanda aérea en Europa, Estados Unidos y buena parte de los mercados internacionales. En ese período, el consumo de petróleo suele aumentar y las aerolíneas enfrentan una presión adicional sobre sus costos operativos.
El queroseno representa tradicionalmente una parte significativa del gasto de las compañías aéreas. Si bien algunas aerolíneas utilizan mecanismos financieros para cubrirse parcialmente frente a la volatilidad del petróleo, una escasez física o una suba abrupta del combustible podría impactar directamente en la programación de vuelos, las tarifas y los recargos por combustible.
Algunas señales ya empiezan a sentirse. En Europa, transportadoras ajustaron parte de su operación de mayo y junio, en un contexto de tensión sobre el abastecimiento. Para el pasajero, el riesgo no se limita al precio final del pasaje: también podría traducirse en cambios de horarios, reducción de frecuencias o menor disponibilidad en determinadas rutas durante la temporada alta.
El foco de la crisis está puesto en el estrecho de Ormuz, un punto estratégico para el comercio energético global. Según la AIE, las restricciones vinculadas al conflicto ya habrían dejado fuera del mercado más de mil millones de barriles de exportaciones procedentes de productores del Golfo, con una pérdida estimada de unos 14 millones de barriles diarios.
Frente a ese escenario, los países miembros de la AIE ya habían acordado en marzo una liberación coordinada de reservas estratégicas. La organización aseguró que está preparada para actuar nuevamente, aunque cualquier nueva utilización de stocks dependerá de la evolución del mercado y de una decisión conjunta de sus gobiernos miembros.
Para América Latina, el impacto puede llegar por varias vías. Las rutas de largo radio hacia Europa, Medio Oriente, Asia y Norteamérica son especialmente sensibles al costo del combustible, y cualquier ajuste en la oferta internacional puede repercutir en conexiones, disponibilidad y precios. También los operadores turísticos deberán seguir de cerca posibles recargos o cambios en la programación aérea, sobre todo para paquetes vendidos con mucha anticipación.
Aunque una eventual reapertura plena del tránsito energético aliviaría parte de la presión, los analistas advierten que la normalización no sería inmediata. La recomposición de stocks, los problemas logísticos y la incertidumbre geopolítica pueden mantener la volatilidad durante varios meses.
