La isla de Capri sanciona el turismo invasivo para proteger la experiencia de los visitantes

La isla italiana refuerza controles contra prácticas comerciales invasivas en plena temporada alta. Las autoridades buscan ordenar el flujo turístico y preservar el decoro urbano.

La isla de Capri puso en marcha una nueva normativa que sanciona a los comerciantes que aborden de manera insistente a los turistas en la vía pública. La medida, impulsada por el municipio local, establece multas que van desde los 25 hasta los 500 euros para quienes incurran en prácticas consideradas invasivas.

La ordenanza fue firmada por el comandante de la Policía municipal, Daniele De Marini, y responde a una creciente preocupación por el impacto del turismo masivo en la experiencia de los visitantes. El objetivo central es frenar la denominada “petulancia comercial”, una conducta que incluye el abordaje reiterado de turistas para ofrecer servicios, excursiones o promociones gastronómicas.

La iniciativa fue debatida previamente por la administración encabezada por el alcalde Paolo Falco, quien defendió la necesidad de preservar la imagen internacional del destino. Según explicó, muchos visitantes reportaron molestias por la insistencia de operadores turísticos y empleados de restaurantes desde su llegada al puerto hasta su desplazamiento por el centro histórico.

La normativa prohíbe de forma explícita cualquier tipo de captación de clientes mediante métodos invasivos en espacios públicos, incluyendo la distribución no autorizada de folletos o publicidad ambulante. Las autoridades también anunciaron controles reforzados en zonas clave como Marina Grande y la tradicional Piazzetta.

El endurecimiento de las reglas se enmarca en una estrategia más amplia para gestionar el fenómeno del overtourism. Durante la temporada alta, la isla puede recibir hasta 50.000 visitantes diarios, una cifra que supera ampliamente a su población residente. En ese contexto, el municipio ya había limitado el tamaño de los grupos turísticos y restringido el uso de megáfonos y paraguas por parte de guías.

Desde el gobierno local señalaron que la prioridad es garantizar la libre circulación de los peatones y promover un entorno más ordenado. “No se puede permitir que la promoción de servicios se transforme en un obstáculo para quienes visitan la isla”, indicaron en los fundamentos del decreto.

Con estas medidas, Capri busca recuperar un equilibrio entre su atractivo turístico global y la calidad de la experiencia que ofrece a quienes la visitan, apostando por un modelo de hospitalidad menos agresivo y más sostenible.