Tormenta histórica paraliza vuelos en EEUU y Canadá, con miles de cancelaciones

Desde Texas hasta Quebec, el fenómeno invernal deja al menos 26 muertos, millones de afectados por el frío extremo y miles de vuelos cancelados. Aerolíneas y aeropuertos vivieron una de las semanas más críticas en años.

Una tormenta invernal de proporciones históricas golpea desde el viernes pasado vastas regiones de América del Norte, provocando una emergencia sin precedentes en Estados Unidos y Canadá. La nieve, el hielo y temperaturas extremas han causado al menos 26 muertes, interrumpido servicios básicos y generado un colapso masivo en el transporte aéreo regional, afectando también a viajeros latinoamericanos con conexiones o destinos en estos países.

El fenómeno, bautizado como tormenta Fern, se extiende a lo largo de más de 3.700 kilómetros, desde el sur de Texas hasta el noreste estadounidense y el este canadiense, con una población estimada de 200 millones de personas bajo su influencia directa. 

En estados como Pensilvania, Indiana, Missouri e incluso Texas —donde este tipo de eventos son poco frecuentes— se han registrado acumulaciones de nieve de entre 15 y 38 centímetros. En regiones del sur, como Mississippi y Luisiana, el hielo ha alcanzado espesores inéditos desde 1994.

Las autoridades han decretado el cierre de escuelas, oficinas públicas y rutas, y piden limitar al máximo los desplazamientos. Ciudades como Nueva York, Houston y Dallas han activado centros de emergencia para albergar a personas sin refugio ante temperaturas que, en algunos puntos, alcanzan los -45°C con el viento. El Servicio Meteorológico Nacional anticipa que la ola polar podría marcar récords de frío no vistos desde 2014.

El mayor impacto visible de la tormenta se da en los cielos: solo el domingo, más de 11.000 vuelos fueron cancelados en EE.UU., y cerca de 20.000 presentaron retrasos, según el sitio especializado FlightAware. Para el lunes ya se acumulaban más de 3.500 cancelaciones adicionales, mientras que los principales aeropuertos del país —entre ellos Dallas-Fort Worth, Nueva York JFK, Newark, Boston y Washington— operaban con mínimas frecuencias o directamente paralizados.

American Airlines, con base en Dallas, canceló al menos 822 vuelos solo en las primeras horas del fin de semana. Delta Air Lines y otras compañías reportaron tasas de cancelación que superan el 30%. En algunos aeropuertos, como Charlotte y Atlanta, más de 500 vuelos no despegaron. Las autoridades trabajan intensamente en la remoción de nieve en pistas, pero no se espera una normalización hasta mediados de semana.

Además del colapso logístico, las aerolíneas enfrentan un desafío adicional: la imposibilidad de que sus propios trabajadores lleguen a los aeropuertos afectados, agravando aún más la situación operativa.

La tormenta también avanzó con fuerza sobre el este canadiense. En Toronto y el sur de Quebec se activaron protocolos de emergencia y se cerraron escuelas. Los aeropuertos de Toronto Pearson (YYZ) y Montreal-Trudeau (YUL) reportaron importantes demoras, y Air Canada habilitó la reprogramación gratuita de vuelos para los pasajeros con itinerarios flexibles.

Con Estados Unidos y Canadá como nodos clave de conexión aérea para cientos de rutas entre América Latina, los efectos de esta tormenta se extienden más allá del continente norteamericano. Vuelos de conexión a Europa, Asia y destinos latinoamericanos fueron reprogramados o cancelados.