Plan integral contra el sargazo 

Mexico destinará unos US$ 118 millones a una estrategia que prioriza la captura de la macroalga en el mar, la ampliación de barreras y una mayor capacidad de recolección.

México puso en marcha una nueva estrategia para enfrentar la llegada masiva de sargazo a las costas de Quintana Roo, uno de los principales desafíos ambientales y turísticos del Caribe. El plan anunciado por el Gobierno de Claudia Sheinbaum prevé una inversión federal equivalente a unos US$ 118 millones y busca modificar el enfoque utilizado hasta ahora: retirar una proporción mayor de la macroalga antes de que alcance las playas.

La estrategia se concentrará inicialmente en Cancún, Playa del Carmen, Puerto Morelos, Tulum y Mahahual, cinco de los destinos turísticos más importantes del Caribe mexicano, que en conjunto abarcan entre 40 y 50 kilómetros de litoral. El esquema contempla tres líneas de acción: aumentar la captura en el mar con embarcaciones especializadas, reforzar las barreras de contención y mejorar la recolección del sargazo que finalmente llegue a tierra.

Más recolección antes de que el sargazo llegue a la costa

Uno de los cambios centrales será el incremento de la capacidad operativa en aguas abiertas y en aguas poco profundas cercanas a la costa. Actualmente, México puede recoger alrededor de 1.227 toneladas diarias en el mar y otras 950 toneladas en las playas.

En una primera etapa, con una inversión equivalente a unos US$ 45,3 millones, la capacidad marítima deberá aumentar hasta 1.870 toneladas por día. En una segunda fase, la meta es alcanzar las 4.000 toneladas diarias.

Para lograrlo se adquirirán dos remolcadores y seis nuevas embarcaciones sargaceras costeras, además de ampliar el sistema de barreras. El proyecto federal prevé llegar a unos 50 kilómetros de barreras de contención costera, complementadas con dispositivos dinámicos que permitan interceptar y redirigir las masas de algas.

El objetivo es reducir la necesidad de retirar grandes cantidades de sargazo directamente de las playas, una operación que puede acelerar la pérdida de arena cuando no se realiza con procedimientos adecuados. El Gobierno también trabaja con hoteles y concesionarios para extender mejores prácticas de limpieza y manejo del material acumulado.

Un 2026 con volúmenes excepcionales

La magnitud del nuevo plan responde a una temporada particularmente intensa. Según datos oficiales, en determinados momentos de 2026 llegaron a desplazarse por el Caribe mexicano hasta 90.538 toneladas de sargazo por día, un volumen muy superior a los registros habituales.

Se estima que cerca del 10% de esa biomasa termina recalando en las costas de Quintana Roo, con efectos directos sobre playas, ecosistemas costeros, actividad hotelera y experiencia turística.

El fenómeno, además, dejó de limitarse a unos pocos meses del año y pasó a tener una presencia mucho más prolongada. Para mejorar la anticipación, Quintana Roo reforzó el monitoreo satelital mediante un centro capaz de seguir simultáneamente la situación en 140 playas.

El gobierno estatal informó que ha destinado recursos equivalentes a unos US$ 45,4 millones a su estrategia de atención del sargazo.

Del residuo a la economía circular

El plan mexicano también intenta resolver qué hacer con las grandes cantidades recogidas. Las autoridades identificaron 198 iniciativas vinculadas con el aprovechamiento del sargazo, de las cuales 11 tendrían posibilidades de escalar industrialmente.

Actualmente existen 39 empresas que desarrollan productos derivados de la macroalga, desde biogás y bioetanol hasta biofertilizantes, bioplásticos, biocarbón y materiales para la construcción.

Puerto Morelos aparece como uno de los centros de esa estrategia: allí se proyecta un Polo de Desarrollo de Economía Circular orientado a transformar la biomasa recogida en materia prima, mientras Fonatur trabaja en cuatro sitios de manejo integral para su disposición y eventual reutilización.

La dimensión del problema trasciende a México. El Gobierno convocó para el 1 y 2 de octubre de 2026 a un encuentro internacional con países del Caribe y otras naciones para intercambiar soluciones frente a un fenómeno compartido por numerosos destinos turísticos de la región.