Controles de seguridad realizados fuera de las terminales, reconocimiento facial, entrega anticipada de equipaje y conexiones internacionales sin volver a pasar por los filtros forman parte de una serie de programas para reducir uno de los puntos de fricción de los viajes aéreos.
Hacer el control de seguridad a más de 30 kilómetros del aeropuerto, despachar las valijas la noche anterior o llegar de un vuelo internacional y continuar hacia la conexión sin recuperarlas y volver a entregarlas. Distintos aeropuertos, aerolíneas y organismos estadounidenses están ensayando maneras de modificar procedimientos que los pasajeros asumieron durante décadas como inevitables.
El objetivo común es reducir las filas y eliminar algunos de los pasos repetitivos que aumentan los tiempos de tránsito por los grandes aeropuertos. La congestión registrada durante períodos de alta demanda y, más recientemente, los problemas de personal vinculados con interrupciones del financiamiento federal volvieron a poner en evidencia la vulnerabilidad de un sistema que continúa dependiendo en gran medida de controles presenciales y procesos intensivos en mano de obra.
Las pruebas incluyen desde cambios relativamente sencillos, como permitir que el equipaje se entregue el día anterior, hasta sistemas tecnológicos capaces de verificar la identidad mediante el rostro y analizar desde Estados Unidos las imágenes de rayos X de una valija que todavía está viajando desde otro continente.
No todas las alternativas están disponibles para todos los pasajeros. Algunas requieren pertenecer al programa TSA PreCheck, otras funcionan únicamente con determinadas aerolíneas y varias se limitan a rutas concretas. Sin embargo, tomadas en conjunto muestran hacia dónde puede evolucionar la experiencia aeroportuaria.
Pasar por seguridad antes de llegar al aeropuerto
Una de las experiencias más llamativas comenzó este año en Boston. Algunos pasajeros que vuelan con Delta Air Lines y JetBlue desde el Aeropuerto Internacional Logan pueden realizar los controles de seguridad en Framingham, Massachusetts, a más de 30 kilómetros de la terminal aérea.
El llamado Logan Airport Remote Terminal funciona como una pequeña terminal aeroportuaria independiente. Allí los pasajeros pueden completar el proceso de la TSA y luego abordar un autobús considerado seguro desde el punto de vista aeroportuario.
Al llegar a Logan, el vehículo ingresa directamente a la zona posterior a los controles, de modo que los viajeros pueden dirigirse hacia su puerta de embarque sin pasar nuevamente por seguridad. El servicio cuesta US$9 por adulto y los menores pueden viajar sin cargo cuando acompañan a un familiar con boleto. El programa comenzó como un proyecto piloto para pasajeros de Delta y JetBlue.
La experiencia intenta resolver dos problemas simultáneamente: las filas dentro del aeropuerto y la congestión vehicular en sus accesos. También permite dejar el automóvil fuera del área aeroportuaria y trasladarse en transporte colectivo.
El modelo podría ampliarse. Massport, la autoridad que administra Logan, analiza nuevos puntos remotos y una mayor participación de aerolíneas, lo que transformaría el concepto tradicional según el cual el pasajero necesariamente debe llegar primero al aeropuerto para comenzar los procedimientos de salida.
Otra alternativa busca separar el equipaje del pasajero mucho antes del vuelo. United Airlines ofrece en Chicago O’Hare el servicio Twilight Bag Drop, que permite a pasajeros elegibles de vuelos que salen temprano por la mañana entregar las maletas entre las 18 y las 21 horas del día anterior.
El beneficio implica realizar dos desplazamientos al aeropuerto, por lo que no resulta conveniente para todos. Puede ser útil, sin embargo, para quienes viven o pasan la noche cerca de la terminal y viajan con varias valijas o equipamiento voluminoso, como esquíes, tablas o palos de golf. El día del vuelo, el pasajero puede dirigirse directamente hacia el control de seguridad con su equipaje de mano, evitando las filas de despacho durante las horas de mayor concentración de salidas.
La idea no es completamente nueva en la aviación internacional —algunos aeropuertos europeos y asiáticos cuentan con servicios similares—, pero su incorporación en grandes terminales estadounidenses refleja una tendencia a distribuir los procesos aeroportuarios a lo largo de un período mayor.
Otro programa se concentra exclusivamente en el equipaje. La iniciativa International Remote Baggage Screening (IRBS) permite que agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos —CBP— analicen de forma remota las imágenes de rayos X obtenidas cuando las maletas fueron inspeccionadas en el aeropuerto extranjero.
Esto significa que el análisis puede realizarse mientras el avión está en vuelo y antes de que llegue a Estados Unidos. Si el equipaje no requiere una revisión adicional, puede ser transferido directamente al siguiente vuelo sin que el pasajero tenga que recuperarlo y volver a despacharlo.
Los pasajeros deben continuar cumpliendo los procedimientos migratorios y aduaneros correspondientes. Además, dependiendo del programa y del itinerario, todavía pueden tener que pasar nuevamente por un control de seguridad. La diferencia es que la valija ya no necesariamente acompaña físicamente al viajero durante todo ese proceso.
La biometría constituye otra de las grandes apuestas. El programa TSA PreCheck Touchless ID permite que pasajeros previamente habilitados utilicen carriles específicos en los que su identidad se verifica mediante reconocimiento facial.
En lugar de entregar físicamente un pasaporte o documento al agente, el pasajero mira hacia una cámara. El sistema compara la imagen con los registros oficiales y confirma la identidad. La TSA comenzó a ampliar el programa durante 2026 con el objetivo de llevarlo a 65 aeropuertos estadounidenses. Entre las compañías participantes se encuentran las principales aerolíneas del país.
La biometría se está utilizando además en los controles migratorios. CBP desarrolla el sistema Enhanced Passenger Processing (EPP) para ciudadanos estadounidenses que regresan del exterior. En esos carriles, cámaras capturan automáticamente el rostro y realizan verificaciones antes de que el pasajero llegue al agente migratorio.
El objetivo es que el funcionario dedique menos tiempo a los procedimientos administrativos y pueda concentrarse en los casos que requieren una revisión adicional. El sistema es voluntario y quienes no quieran utilizarlo pueden solicitar el procedimiento tradicional.
Las innovaciones responden a un desafío estructural. Los aeropuertos pueden ampliar terminales, sumar puertas de embarque y recibir aviones más grandes, pero si determinados procedimientos requieren que miles de pasajeros pasen simultáneamente por un número limitado de puntos de control, la capacidad adicional puede terminar generando nuevas filas.
