Los moáis de Rapa Nui desaparecen: el riesgo climático del patrimonio

Un artículo publicado en Nature advierte que el aumento del nivel del mar, los incendios y otros desastres climáticos están poniendo en riesgo sitios culturales e históricos en distintas regiones del planeta.

Los moáis de Rapa Nui, uno de los patrimonios culturales más reconocidos de Chile ante el mundo, aparecen hoy como parte de una preocupación global: la creciente vulnerabilidad de los sitios históricos frente al cambio climático.

Así lo plantea un artículo publicado en la revista Nature, en el que William Megarry analiza el libro The Future of the Past: When Cultural Heritage Meets Climate Change, del historiador del arte Thijs Weststeijn. La publicación aborda cómo el aumento del nivel del mar, las inundaciones, los incendios forestales, la erosión costera y otros fenómenos extremos están obligando a repensar la forma en que se entiende, protege y adapta el patrimonio cultural.

En el caso chileno, el texto destaca la situación de Rapa Nui, donde muchas de las monumentales figuras de piedra se encuentran emplazadas cerca de la costa. Esa condición, que forma parte de su relación histórica y territorial con la isla, también las deja expuestas a nuevas presiones ambientales, especialmente al avance del mar y al deterioro del borde costero.

El caso de los moáis no es aislado. El artículo menciona episodios recientes que reflejan la magnitud del problema, como las inundaciones de 2019 en Venecia, que cubrieron más del 80% de la ciudad histórica y llevaron a Italia a declarar estado de emergencia. También recuerda los incendios forestales de California, que en 2019 y 2025 amenazaron zonas cercanas al Getty Villa, museo de Los Ángeles que resguarda una relevante colección de arte griego y romano antiguo.

Sitios que durante siglos fueron entendidos como símbolos duraderos de la memoria humana hoy están siendo amenazados por los impactos de la propia actividad humana sobre el clima.

Weststeijn plantea que la noción tradicional de patrimonio necesita una revisión profunda. Conceptos como “patrimonio mundial”, promovidos por la Unesco desde mediados del siglo XX, han sido fundamentales para reconocer y proteger lugares de valor universal, pero también pueden resultar insuficientes frente a una crisis que afecta de manera desigual a territorios, comunidades y culturas.

En esa línea, el artículo incorpora una mirada que va más allá de los monumentos físicos. La pérdida o transformación de un entorno también genera impactos emocionales y comunitarios. El concepto de “solastalgia” permite describir ese malestar que surge cuando las personas ven deteriorarse el lugar al que pertenecen, una idea especialmente relevante para comunidades cuya identidad está estrechamente vinculada a su paisaje y memoria.

Frente a este escenario, el libro revisado por Nature plantea tres caminos posibles: transformación, digitalización y reconstrucción. La transformación supone aceptar que algunos sitios deberán adaptarse o cambiar para sobrevivir. La digitalización permite registrar y preservar virtualmente espacios amenazados, aunque sin reemplazar la experiencia física de estar en ellos. La reconstrucción, en tanto, abre preguntas complejas sobre qué se decide restaurar, bajo qué criterios y quién cuenta con los recursos para hacerlo.

Para Chile, Rapa Nui no solo representa un atractivo turístico de alto valor internacional, sino también un territorio vivo, con una comunidad, una historia y una identidad cultural que no pueden reducirse a sus monumentos. Proteger este patrimonio implica considerar tanto la conservación material de los moáis como la relación de sus habitantes con el entorno.

El artículo también advierte que el patrimonio inmaterial —tradiciones orales, rituales, saberes, oficios y prácticas culturales— debe ocupar un lugar más visible en esta discusión, especialmente en un contexto de desplazamientos, migraciones y cambios territoriales asociados al clima.

La principal conclusión es que el patrimonio no debe ser visto únicamente como una víctima pasiva de la crisis climática. También puede transformarse en una herramienta para generar conciencia, impulsar acciones de adaptación y movilizar respuestas colectivas. En ese marco, Rapa Nui aparece no solo como un sitio amenazado, sino también como una señal de alerta sobre la urgencia de proteger la memoria cultural frente a un planeta en transformación.