Las patentes chilenas reaparecen con fuerza en las calles de San Carlos de Bariloche, confirmando el tradicional flujo de visitantes trasandinos que cada verano cruzan por el paso Cardenal Samoré.
Esta temporada, sin embargo, muestra un cambio en el perfil del viajero: el turismo de compras masivas quedó atrás y hoy predomina una visita enfocada en la experiencia, la gastronomía y los paisaje.
Según consignó el Diario de Río Negro, desde la Asociación Empresaria Hotelera y Gastronómica de Bariloche aseguran que, si bien existe un buen nivel de reservas provenientes de Chile, el tipo de cambio ya no resulta tan favorable como en años anteriores. “No creo que este año difiera mucho del 2025: un buen nivel de afluencia aunque no estalla porque el tipo de cambio ya no nos juega a favor”, señaló al medio Martín Lago, presidente del gremio.
El dirigente explicó que actualmente los precios en Chile son equiparables a los argentinos, lo que ha reducido el atractivo del clásico “tour de supermercado” que en temporadas anteriores marcó récords.
Según el periódico, el grueso de los visitantes proviene desde Concepción hacia el sur de Chile, aunque también llegan turistas desde Santiago, Valparaíso y otras ciudades del centro del país. Muchos optan por viajar en vehículo particular, mientras otros utilizan servicios de buses internacionales o vuelos directos.
El perfil predominante es el de familias de clase media con buen nivel de consumo, que se alojan en cabañas, apart hoteles u hoteles céntricos, comen en restaurantes y recorren los principales atractivos, pero sin priorizar grandes compras. El tradicional Circuito Chico y el teleférico al cerro Otto siguen encabezando las preferencias, junto con la búsqueda de chocolates artesanales, helados y experiencias gastronómicas.
El cónsul de Chile en Bariloche, Javier Matta Manzano, señaló al medio argentino que febrero continúa siendo el mes favorito para vacacionar, tanto en el sector público como privado chileno. A su juicio, la ciudad mantiene una “poderosa atracción” gracias a su oferta gastronómica, cervecerías, chocolaterías y paisajes cordilleranos de fácil acceso.
En este contexto, el comercio y el sector turístico barilochense observan con atención el comportamiento del mercado chileno. Aunque ya no se vive el auge del turismo de compras impulsado por la brecha cambiaria, la llegada sostenida de visitantes trasandinos sigue siendo clave para la temporada estival en la ciudad del Nahuel Huapi.

